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miércoles, 16 de noviembre de 2011

Francisco de Quevedo

Amor constante más allá de la muerte


Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que le llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora a su afán ansioso lisonjera;

Más no, de esotra parte, en la ribera,
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.

Alma a quien todo un Dios prisión ha sido
Venas que humor tanto fuego ha dado,
Médulas que han gloriosamente ardido:

Su cuerpo dejará no su cuidado;
Serán ceniza, más tendrá sentido;
Polvo serán, más polvo enamorado.


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